lunes, 14 de marzo de 2011

San Bartolo Naucalpan de juarez, estado de mexico



San Bartolo: Centro de todo, Centro de nada

El Bando Municipal nombra a San Bartolo como "pueblo", aunque hoy dista mucho de serlo. En teoría la colonia Centro lo rodea pero no es identificable su frontera. Todo es Sanbar por aquí. (Foto: Alain Prieto)


“Candlesticks, building bricks, something old and new; memories for me and you… ”

Paul McCartney


Antes que todo gracias, queridos andariegos, por su paciencia para recibir esta primera entrega de 2011 y por su grata asistencia al Caminante Urbano. Entramos en 3,2,1…

¡Ah, San Bartolo!… Meritito Naucalpan. Aquí donde un centro que debiera ser histórico simplemente no existe y como no lo es, por ahora no encuentra más opción que enfrentarse a su carencia de orden, civilidad y urbanidad. No es drama, bueno… sí es, pero vale manifestarlo porque es penoso el atorón en el que puede caer un barrio que heroicamente cumple tantos fines para la vida moderna.

La verdad sea dicha, hay sitios a los que no les ha ido muy bien con el paso del tiempo. Este es el caso del centro de Naucalpan de Juárez, uno de los municipios más industrializados de México, en pleno estado mexiquense, la entidad más poblada de nuestro bello pero complicado país.



San Bartolo, antes pueblo, obtuvo la categoría de Villa allá por 1874, en tiempos del presidente Sebastián Lerdo de Tejada. Eventualmente, es esta villa identificada como centro territorial la que detonaría la ciudad nombrada como tal en 1957. Todo Naucalpan parte y se liga en alguna medida desde aquí aunque los orígenes prehispánicos le asignan el topónimo (denominación del lugar) por los pueblos de cultura tlatilca que ahí se encontraban.





Fuente del Parque Revolución. Al fondo el corredor comercial de Av. 16 de Septiembre destacando la tradicional zapatería El Puerto y el interminable desfile de micros, camiones de reparto y un sinfín de vehículos. (Foto: Alain Prieto, 2004)




No extraña a nadie que en honor de Don Benito, predecesor de Lerdo, se le dé el apelativo de Juárez al municipio. En esto de pertenecer al Benemérito y también en su desorden urbano y en algo de su topografía se asemeja al municipio de Acapulco, allá donde el mar sigue siendo azul a ratos y que -cito como curiosidad- hace mucho perteneció al propio Estado de México lo que lo hermana con Naucalpan.

MI SAN BARTOLO QUERIDO

Sí, claro, claro que he sido sanbartolense muchas veces. Si no es por ir a comprar algo, en local establecido o en algún puestito –esto último lo evito lo más posible-, es porque es uno de los dos pasos más comunes para ir al Metro Toreo (Cuatro Caminos, que es lo mismo). Además ahí me he reunido muchas veces con buenos amigos para discutir la vida, el trabajo o cualquier afición de preferencia sana, normalmente en el bar Mi Lupita. Y qué bueno que sale al paso el sitio de reunión favorito de más de uno, porque ahora verán a dónde vamos con esto.




"Aquí todo sigue igual como cuando estabas tú", dice una canción que es posible escuchar en vivo en las cantinas. Esta escena es tan común y permanente que me atrevo a publicar la foto que tomé hace casi ocho años. La banqueta es caminable, pero se le ha robado el 40%. Los locales establecidos quedan semiocultos desde la calle y la acera de enfrente. Asimismo es difícil distinguir las entradas a los negocios aunque se camine de este mismo lado. (Foto: Alain Prieto, 2003)

Sanbar (como le decimos de cariño) fue alguna vez cinturón rojo, es decir, una colección de antrillos y pulcatas; se decía que era algo así como el patio trasero del DF. Aún existen aquí varios y claros indicios de este pasado incómodo. Para muestra un gran sobreviviente: un cine que exhibe buenas y beatas actrices vive aquí bajo el nombre de Cinema Coronado, nada que ver con el entrañable Cinema Paradiso que en aquella joya de película termina sus días justo así, exhibiendo cintas no aptas para menores. En cuadras aledañas hay al menos dos hoteles de paso: uno recién abierto en 2010 anuncia a plena luz del día contar con canales picantes como el Playboy y otros. ¿Así o más honestos?






Rodeado por clínicas de salud, flanqueado por la óptica y acompañado por una longeva tortería (puesto blanco a la izquierda), el estoico Cinema Coronado funciona sin interrupciones y conserva su tradicional marquesina. (Foto: Alain Prieto)




Avenida Juárez, a 250 metros del Palacio Municipal. Inaugurado en 2010, el motel es vecino inmediato de una vinatería y otros negocios para todo público. Aquí anuncian que tienen Sky con canales para adultos, como queriendo competirle al cine. (Foto: Alain Prieto)

Por ahí subsisten, además de Mi Lupita, otras cantinas en la periferia de Av. Gustavo Baz y Av. 16 de Septiembre, principalmente. Vale decir que algunas de ellas gozan de buen nombre y sirven buena comida, sin embargo son las sucesoras de aquellos pioneros que hicieron de Sanbar un lugar sin santos.

Dentro de todo esto, aparecen mil negocios de todo. Aquí, por ejemplo, compro el pan con regularidad y esta panificadora es sumamente concurrida, organizada y limpia. Hay zapaterías en cantidad y las hay desde las más o menos humildes con zapatitos de plástico hasta aquellas donde se ven los Florsheim al precio de El Palacio de Hierro o Sears.




La panificadora abre a las 6 o 7 de la mañana. Esta toma es de las 7:15 y ya se ven los primeros puestos. A un lado se aprecia Mi Lupita. (Foto: Alain Prieto)



En cuestión de minutos ya es imposible fotografiar esta misma cuadra.




Toldos de plástico, micros, combis y camiones por todos lados impiden la vista libre del lugar. Esta foto es del mismo día, un domingo muy temprano. (Foto: Alain Prieto)



Ahora me ves... Av. 16 de Septiembre por la mañana. (Foto: Alain Prieto)



Ahora medio me ves... Av. 16 de Septiembre por la tarde. (Foto: Alain Prieto)



Ya se imaginan qué más: las papelerías; los pollos rostizados, las taquerías; tiendas de ropa; farmacias a ultranza donde baila la botarga del Dr. Simi al son del pasito duranguense o con la que le pongan en bocinas revienta-tímpano; paleterías La Michoacana sin copyright; vinaterías; una clínica del IMSS, la Unidad Cuauhtémoc (en cuyo deportivo, cruzando Periférico, mi Atlante entrenaba a principio de los 80), una UMF del IMSS también y un centro administrativo del ISSEMYM, sólo mediando entre éstos últimos precisamente el Coronado (¡vean el popurrí de locales!); restaurantes, algunos de buena reputación y de cadena; refaccionarias; ferreterías; puestos de periódico; depósitos de revistas viejas; consultorios médicos y dentales; bodegas; despachos legales; tortillerías; revelados de foto; academias de belleza y computación; unos sobrevivientes baños públicos con todo y su peluquería y… ¡¡¡¡uffff!!!! ¿Le sigo? La variedad quizá abarca el total de giros conocidos en el mundo.


Av. Gustavo Baz, mañana dominical. Los Baños Naucalpan persisten y remontan a épocas pasadas. Se aprecia abierta su "barber shop'. Al fondo, parte del Hotel Castello construido en los 90, de mediano tamaño y con tres accesos diferentes. (Foto: Alain Prieto)




¿Me creerían que entre todo esto también hay una escuela primaria, oficinas, mi querido Parque Revolución, la Arena Naucalpan de lucha libre, una iglesia y, aunque uds. no lo crean, casas habitación? ¡Ajá! La impactante melcocha social y urbana con el revoltijo formidable de usos de suelo permite también vivienda. Aunque algunas casas solas persisten -quién sabe cómo-, hay una unidad habitacional, unas privaditas bastante simpáticas y varios edificios que por ahí se levantan entre el hormiguero de puestos “ambulantes” que como alguna vez he dicho no son tales, sino que más bien son semifijos, porque aunque los desarman a diario sus dueños, no se mueven de sitio y chupan luz gratuitamente. Entre las casas solas que conozco, ubico tres con valor arquitectónico específico, o sea que sí hay ejemplares catalogables, al menos en mi catálogo. Aquí las muestro.



Casa con accesorias en Av. 16 de Septiembre No. 2, casi esquina con Gustavo Baz. La fachada de cantera no es posterior a 1920; podría ser realmente del siglo XIX, pero no me atrevería a datarla. (Foto: Alain Prieto, 2003)



Casa en Av. Juarez No. 5. Situada en las tres primeras décadas del siglo XX, aún se conserva con regular mantenimiento. Su fachada es original. (Foto: Alain Prieto)




Esta casona -la ubico entre los años 1905 y 1925- con el número 15, se encuentra a unos metros de la anterior. Su patio central contiene un pequeño jardín muy bien cuidado. Adivinen qué hay enfrente... (Foto: Alain Prieto)



¡Adivinaron! Aquí la convivencia de los usos del suelo que les platicaba. ¡Para Ripley! (Foto: Alain Prieto)

Aunque cierta reconciliación es posible con el lugar, tal como funciona hoy, no hacen nada sencilla la estancia las cientos de unidades de transporte público que conforman el escenario ruidoso, bultoso, caótico y anticivil que todos los días marca a Sanbar, un gran generador de dolores de cabeza.

Como contracara, el muestrario de actividades resulta muy interesante al observador, así como estimulantes los destellos de orden que a fin de cuentas se pueden percibir. Algo de misterio queda aún por revelar. Parafraseando a Galileo Galilei: “Y sin embargo, funciona”.

LOS ANTI-ADORNOS URBANOS

Es triste caer en cuenta de cómo el barrio no tiene identidad más que la cuestionable e indeseable que el comercio desorganizado le aporta, siendo que el sitio podría competir en tamaño y años con otros centros, o hasta superarlos. San Bartolo ha sido y es un teatro experimental con una triste escenografía que carece de dirección. El público, que nunca falta, acudimos tarde o temprano para cualquier asunto que involucre comprar (en los locales semifijos o en los establecidos, que también hay) o hacer uso de algún servicio bancario u otros donde de antemano sabes será complicadísimo hallar estacionamiento y moverte con holgura.




Calle Estacas. Casi en el límite norte de San Bartolo, esta cuadra (aquí sin el tráfico habitual) es de los corredores comerciales más nítidos. Hace mucho tiempo se colocaron las jardineras amarillas para impedir la invasión del ambulantaje. Sin embargo, la disminución de banqueta por esa obra resulta sumamente incómoda. Al fondo, un poco más allá del semáforo -no visible-, el mercado de Naucalpan. (Foto: Alain Prieto)




Por lo mismo, Sanbar -como le decimos de cariño- es peatonal en su mayoría, pero a la vez se caracteriza por estar hacinado y atestado de autos y especialmente de microbioses (así) que hacen mucho más detestables las experiencias sanbartolenses.

Aquí, en este pueblo-ciudad, el renovado Parque Revolución que codiseñé hace siete años y del que les platicaba en la entrega Lamento Bicentenario (septiembre 2010), sufre la obstrucción de su cara hacia Av. 16 de Septiembre, debido a que les han dado permiso por temporadas a algunos puestos considerablemente grandes de ubicarse ahí, por lo que la lectura del área recreacional no es posible a través de la carne de burro que le han puesto delante. Les debo la foto que agregaré en la primera oportunidad.

Continúo con la decoración: entre cuatro y seis bases de transporte público improvisadas, insuficientes y sucias -bases sobre el arroyo y la banqueta, sin andenes ni cobertizos- destruyen y estriñen el poco claro tejido vial, las más de las veces invadido por puestuchos casi los 365 días del año. Nunca he sabido en qué momento y bajo qué inteligencia el Ayuntamiento reguló que dichos puestos sólo mordieran el cachito que una línea amarilla les marca sobre la calle. Digo, carajo, y dicen que Naucalpan es ciudad del Siglo XXI… claro, nomás porque a todos nos amaneció el siglo por ocurrencia del calendario.



El Jardín Morelos, frente a la glorieta y estatua del prócer, luce uno de los paraderos congestionados. Junto está la casa de cantera gris que veíamos arriba. Hoy día, además de haberse extendido a esta zona varios changarros de piratería, fruta y comida que no estaban en esta época, en el extremo izquierdo existe ahora un Burger King. (Foto: Alain Prieto, 2003)



Glorieta de Morelos. Ocho años después y el sitio sigue inmutable. Los árboles dan la impresión de que no es tan terrible esta vista, pero ante la apabullante maraña de las horas pico, su tranquilizante presencia se desvanece. (Foto: Alain Prieto)



¡Habrase visto! O sea: el comercio informal se adjudica parte de la calle VÍA PÚBLICA que la gente que pagamos impuestos pavimentamos y que debemos tener (por nuestra H. Constitución) derecho a transitarla libremente, y en vez de eso hay que conformarnos por andar por donde nos dejen un cacho!!! Así de pachón. Los pájaros le tiran a las escopetas.



Esta esquina, Morelos y Abasolo, es de las más complicadas para todos, los de a pie y los de a carro. Aquí, el cuerpo entero de algunos puestos se encuentra en el arroyo vehicular. De plano... (Foto: Alain Prieto, 2003)

Imagínense aquello (traten de posarse aquí a través de las fotos) con todo y olores, pero sobre todo con el ruido inclemente que se arma.


Vamos por partes:

A) Escapes, acelerones y cláxones de camiones, microbioses y combis todo el santo día.

B) Musicota de las bocinas que ponen hacia la calle las farmacias (¡¡el doctor Simi le sube recio!!) para atraer o más bien para atarantar al respetable consumidor. Ahí no para: el propio Parque Revolución cuenta con bocinas que tenían por fin acompañar el espectáculo de la fuente que es bailarina; sin show de por medio se programa música a muy alto volumen y nada relajante para los paseantes.

C) Gritos de los cacharpos (individuos que cobran el pasaje; asistentes de los choferes) o de los controladores de Rutas anunciando el clásico “¡¡¡Jacarandas, Calacoaya, Bachilleres, súbale!!!” y cientos de destinos más.

D) Silbatos de los polis que no sirven más que para que medio pasen a veces algunos autos o peatones atrapados en el desorden y el basurero en que se convierte aquello.

E) Desmanes provenientes de las varias cantinas que hay en calles como 16 de Septiembre, Gustavo Baz, principalmente.

F) Mentadas de madre, chiflidos, carcajadas, albures y demás, que entre comerciantes son comunes, pueden coleccionarse en cualquier incursión al centro naucalpense. No es el mejor ambiente para llevar a pasear a la familia.

Para muestra este botón: El ruido visual y auditivo es significativo. Como sucede en muchos Centros de ciudad invadidos, la gente espera cruzar no en la banqueta sino en la calle, porque la primera está apartada para los benditos puestos.



Esquina de Av. Gustavo Baz y 16 de Septiembre. (Foto: Alain Prieto)


G) La comida de las decenas de puestos de tacos y fritangas a la hora de la freída ¡¡¡¡¡¡¡ssssssssssss!!!!!!

H) El ruido de los que por ahí vamos.

I) Otros que de momento olvido.

El total de los decibeles se los debo, pero no me equivoco que es uno de los lugares más ruidosos del Planeta México entre las 6:30 y las 21. Pasada esta hora, Sanbar se vuelve calmo y con el desmontaje de los puestos hasta parece otro, como si el orden y el silencio se impusieran al muladar diurno.

Por las noches, más que por limpieza y orden, sino por miedo a que sea robada su mercancía, el tianguis eterno se desmantela. A esta hora, de todas formas ya muy pocos pasan por Sanbar, el parque se cierra y los negocios bajan sus cortinas. (Foto: Alain Prieto)




¿QUÉ PODEMOS HACER POR SANBAR?


Lejos del aspecto histórico, que recomiendo siempre se conozca al menos en términos generales, el dolor que traigo con San Bartolo es meramente urbano. Allá por 2003 y 2004, tuve la oportunidad de involucrarme con este importante barrio de manera directa primero desde la Coordinación Técnica de Proyectos y luego desde la Dirección de Obras Públicas. Creímos poder cambiar este lugar, pero no pudimos lograrlo, ha permanecido prácticamente igual. En descargo diré que no fue por falta de ganas ni de capacidad (incluso económica) sino por incomunicación y situaciones políticas que en mala hora se imponen al sentir -y sufrir- de la población que debe pesar más que los papeles y cabildeos infructuosos, las más de las veces no representativos de las necesidades. Oh, creo que Juárez sabía de esto y en su época intentó combatirlo.

History keeps repeating!









Las ideas eran muchas:


Pasos a desnivel para desaparecer el fatídico cruce entre Gustavo Baz y 16 de Septiembre; regresar al peatón el territorio arrebatado hace tanto por los vehículos y proponer algo civilizado al comercio informal como se ha hecho en Querétaro; abrir una avenida de oriente a poniente a lo largo del corredor del ferrocarril (que aún funciona); remozar la imagen urbana general combatiendo el ruido visual tan apabullante y el agresivo deterioro de los elementos físicos; agregar un poco de valor arquitectónico; reubicar los puestos informales, remodelar el mercado de la cabecera municipal y… ¡Caray, qué cantidad de buenas intenciones, qué poco pudimos hacer y qué terrible nada se ha hecho desde entonces! Y trabajamos muchísimo para ello, qué pena. Incluso, ahora recuerdo, se pagó muy buen dinero por una simulación computarizada (un software muy interesante) de comportamiento vial para valorar si poníamos un puente vehicular en el citado cruce.



Veer a San Bartolo desde lo alto es una manera de descubrir que sus manzanas tienen un trazo bastante ortogonal. El desorden lo ponen los usos que ahí existen.




Este Centro que no es centro mágico, ni histórico, ni maravilloso ni inspirador salvo de notas como la mía, pero es a pesar de todo un centro. Alguna vez dio pauta de modernidad y se creyó en él como inicio de algo mejor o mayor.

Sobre calle Zaragoza. Por muchos años, la placa ha permanecido en esta pared que antes fue del Billar Fantasy y ahora de un pequeño pasaje de tienditas de ropa. Los propietarios de este edificio lo han cuidado intuitivamente, pero pocos saben que existe este recordatorio porfiriano entre el caos.


Como ya está construido al 99% hace mucho, es poco lo que se seguirá desparramando. Las vialidades ya están consolidadas y aunque constreñidas, invadidas y saturadas ya no darán mucho pie a la disociación del espacio urbano.

Por otro lado, la vivienda se irá haciendo más escasa y más cara, aún sin ser atractiva la zona para vivir en ella.






Creo que hay bastantes ideas rescatables tres párrafos arriba, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Mis compañeros y yo ya lo intentamos. La costumbre hasta ahora ha podido más y los ciudadanos menos, aunque al final partícipes y cómplices del escenario descrito.

Y sin embargo hay esperanza. Siempre la hay, pero la voluntad es la que escasea y la autoridad no se diga.



Pero de repente lo impensable: Paso un martes por mi Sanbar querido y resulta que por obra y gracia ¡no hay un solo puesto!



Ese martes por la noche, regresando de Cuatro Caminos, no podía yo creer que no estuvieran ahí los afianzados monumentos al tianguis. Se lo comenté incluso a mis queridos colegas con quienes todo aquello propusimos (desde luego que también hubo una enorme cantidad de obras municipales que sí concretamos y con gran aceptación). ¡Qué sorpresa!, pero como dice el dicho, era demasiado bueno para ser verdad o al menos una verdad completa. Al otro día, pan con lo mismo.





¡Así sí! Se siente tan extraño y a la vez tan cómodo y a gusto tener tanto espacio y ver las líneas de la calle tan claramente.




¿Cómo ven? También mi panadería favorita y sus fieles parroquianos gozaríamos de este respiro todos los días si la reubicación o desaparición de puestos se tratara de una medida permanente. No quiero dejar a nadie sin trabajo, quiero que podamos caminar a pie suelto.








Ahí estaba la idea, al menos en teoría, de que nada tenían que hacer los puesteros comiéndose el espacio del peatón, irrespetándolo, abusándolo y destruyéndolo, nada de esto una exageración. El ‘pero’ es que esto está lejísimos de ser permanente o resolutivo de este gran problema. Aun así, qué diferencia entre las calles hacinadas estilo El Cairo (hablando de Egipto y caos) y unas aceras que casi agarran dimensiones parisinas. Hasta siente uno que nada en espacio y esa sensación es un recordatorio de que puede vivirse bien, sin bajarse a la calle a caminar entre carros, sin librar las cajas de mercancía, sin agacharse en cada toldo (yo con mi 1.86 sé de lo que hablo, pero gente con 15 centímetros menos padece igual), sin pisar la basura que generan los puestitos, sin mamarse el cuadro de mercado que asfixia todo a su alrededor. Recordemos que en el Centro Histórico de la Ciudad de México ya se logró retirar al ambulantaje y qué cambio tan mayúsculo se consiguió.

No sé qué será de Sanbar en delante. Lo que yo prometo en lo personal es no contribuir a su desorden ni a su suciedad ni a su deterioro. Veré más adelante qué más puedo aportar, algo que valga la pena y lo hay, no cabe duda. Hay buen material para cortar de ahí y siempre, siempre hay esperanza.

Si algo cambia, prometo avisarles. Mientras, los invito a visitarlo; podrían encontrarse con algo digno de salvar.




Hasta la próxima y ¡Felices pasos!






otros lugares de naucalpan:

Arena Naucalpan

Av. 16 de Septiembre

Av. Estacas

Av. Gustavo Baz

Benito Juárez

calle Abasolo

calle Zaragoza

Jardín Morelos

José María Morelos

Metro Cuatro Caminos

Naucalpan

Parque Revolución

San Bartolo

San Bartolo Naucalpan

Sebastián Lerdo de Tejada

Unidad Cuauhtémoc

Villa de San Bartolo


ESCRITO POR Alain Prieto

gracias a http://radioarquitectura.com



6 comentarios:

  1. Sr. excelente articulo acerca del Centro de Naucalpan de Juarez, es una lastima que sus propios habitantes no cuiden su colonia

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  2. MUY INTERESANTE TU DESCRIPCION DE SAN BAR-COMO LE DECIMOS CASI TODOS LOS QUE VIVIMOS CERCA

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  3. Me encantoooooooo tu nota!!!! Ojalá pudiéramos poner "San Bar" más bonito, pero ni hablar, así se quedará. Buen aporte!!!! :)
    Atte: Tatis

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  4. Muy padre e inteligente la descripción; espero poder contribuir a la transformación de esa realidad social que nos aqueja. La ciudad es de y para el ciudadano.

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  5. Hola. ¿Qué de cierto es que allá por el año 83 los Rolling Stones estuvieron en Sanbar? No, no es broma. Mi cuate del CCH pasó por mí un sábado temprano para ir a verlos porque se supone que estaban filmando un videoclip. Cuando yo llegué sólo encontré camionetas de cámaras y equipo de sonido. Pero él me asegura haberlos visto. Pensé que me había choreado, pero cuando veo el video Undercover of the night parece que sale el parque con los bustos que había allí y otros lugares que parecen ser san bar, incluyendo la iglesia. ¿Alguien sabe algo?

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  6. HOLA ME PARECE EXCELENTE LA RESEÑA YO NACÍ EN LA AVENIDA NORTE AMÉRICA No 74, EN UNA VECINDAD PROPIEDAD DE LA SEÑORA JUANA JARDON EN PAZ DESCANSE,
    EN EL AÑO DE 1962,
    ESCRIBO ALGUNAS MEMORIAS DE MI INFANCIA QUE TIENEN QUE VER CON EL LUGAR,
    EL CUAL AL IGUAL QUE ALAIN PRIETO CONSIDERO QUE HA DADO MUCHO A MUCHOS
    Y NO HAN HECHO NADA POR SAN BARTOLO,SUS BARRIOS Y COLONIAS.

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